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domingo, 10 de mayo de 2015

Corazones perdidos de M. R.James

EL AUTOR

Goodneston1862/ Eton 1932.Su vida fue la de un anticuario preocupado por la continua investigación del pasado, entre viejos manuscritos, clases y reuniones docentes, visitas a antiguas ruinas, bibliotecas polvorientas e iglesias dejadas de la mano de Dios. No contrajo nunca matrimonio ni tuvo hijos. La universidad, Eton, y los libros constituyeron toda su existencia. Fue medievalista de prestigio contrastado, lingüista y  estudioso bíblico. Tradujo el Apocryphal New Testament (Nuevo Testamento Apócrifo) en 1924.
Entre sus intereses y aficiones cabe mencionar desde la arqueología (llegó a ser miembro del departamento de arqueología del museo Fitzwilliam), hasta la paleografía (catalogó muchas de las colecciones manuscritas de Cambridge, una tarea que le llevó 40 años completar, además de prologar el Romance of Alexander, conservado en la Biblioteca Bodleiana de Oxford); de la filología al arte eclesiástico (descubrió un mural del siglo XV en la capilla de Eton, y restauró los vitrales de la capilla del King's College); de las antigüedades (fue miembro de la Society of Antiquaries) a los estudios históricos y bibliográficos, revisando a menudo ejemplares para las sociedades bibliográficas e históricas especializadas. Sin olvidarnos de la traducción (como por ejemplo una excelente versión inglesa de los Cuentos de Hans Christian Andersen), el ensayo, o la disertación académica: con The Apocalypse of St. Peter (El Apocalipsis según San Pedro) fue distinguido con la orden Fellow of King's en el King's College. Sus investigaciones le condujeron a menudo al extranjero, a países como Chipre, Dinamarca, Baviera, Austria o Suecia, donde precisamente situó su ghost story Count Magnus, El conde Magnus, inspirada en el personaje real del siglo XVII, el conde Magnus Gabriel de la Gardie.
SUS CUENTOS DE FANTASMAS

Si bien este tipo de historias no constituyó para él sino un pasatiempo, es la obra que perdura de él, por cuanto sus estudios eruditos sólo poseen ya interés para los especialistas. Escribía estos cuentos por puro entretenimiento, como alivio de sus trabajos intelectuales. Admiraba al escritor irlandés Sheridan Le Fanu, siendo ésta quizás la influencia más representativa en sus obras. Esta admiración le llevó en 1923 a publicar una antología con sus mejores cuentos y a volver a ponerlo de moda: El fantasma de Madame Crowl. En el prólogo de este libro llegó a afirmar que Sheridan Le Fanu era muy superior a Poe.

Si para muchos M. R. James es el mejor escritor de ghost stories, él reconocía con tal calificativo a Le Fanu. James trata siempre de distanciarse del fantasma victoriano, característicamente lívido, estático y digno de compasión por su desdicha. Las apariciones espectrales de James son manifestaciones abominables, criaturas cuya procedencia no puede ser sino el infierno, son a veces extravagantes e incluso ridículas sin llegar a caer en la comicidad: seres inefables cuasi monstruosos. En palabras de Howard P. Lovecraft: "El espectro habitual de M.R. James es delgado, enano y peludo: una abominación perezosa e informal de la noche, a medio camino entre la bestia y el hombre... este espectro tiene una constitución de lo más excéntrica: es un rollo de franela con ojos de araña, o una entidad invisible modelada con las ropas de una cama cuyo rostro lo forma una sábana arrugada".

En sus relatos abunda un sano humor socarrón y un atisbo de aclaración racional para los misterios que se nos muestran, detalle también desconocido en la literatura del género hasta la fecha, aunque, en sus propias palabras, "este resquicio debe ser tan estrecho que apenas sea practicable", para que así el relato no pierda fuerza ni quede reducido a una mera sugestión enfermiza de sus protagonistas en un momento dado de la trama.

James llegó a citar las características de cuento de fantasmas clásico en el prefacio de Ghost and Marvels (The World's Classics, Oxford, 1924): "Dos ingredientes de la máxima importancia para guisar un buen cuento de fantasmas son, a mi juicio, la atmósfera y un crescendo hábilmente logrado", a lo que no debemos olvidar añadir "cierto grado de realismo". Si bien en lo primero no alcanza a menudo el nivel de su predecesor Arthur Machen, con su peculiar estilo de atmósfera envolvente y opresiva, o contemporáneos como Lovecraft, respecto al adecuado desarrollo de la historia se muestra como un maestro consagrado. Ese crescendo, que nos conduce al desenlace final entre el engendro y el atribulado protagonista, logra mantenernos en una atenta tensión hasta el clímax final. "Seánnos, pues, presentados los personajes con suma placidez; contemplémoslos mientras se dedican a sus quehaceres cotidianos, ajenos a todo mal presentimiento y en plena armonía con el mundo que les rodea". Sus personajes hablan, viven, se mueven, como sus potenciales lectores de principios del siglo XX.

Hasta la irrupción de James, los fantasmas pertenecían a otros tiempos; James los instala en la sociedad burguesa de la época. Para inducir esta familiaridad cotidiana utiliza un relajado humor y la expresión coloquial en los diálogos, y también una finísima ironía británica. "En esta atmósfera tranquilizadora, hagamos que el elemento siniestro asome una oreja, al principio de modo discreto, luego con mayor insistencia, hasta que por fin se haga dueño de la escena". No revelar nunca por completo al fantasma, dejando a la imaginación del lector la recreación de lo vagamente sugerido, se ve ya claramente en Le Fanu, aunque James la forja impecablemente superando a su maestro en el firme propósito de inquietar. Lo que más inquieta es lo que James menciona como de pasada, en detalles aparentemente carentes de importancia y que cobran todo su significado en el desenlace final. Sólo la víctima no sospecha nada. La angustia no está en ella, como ocurre en los cuentos de Le Fanu o Guy de Maupassant, sino en el lector. Esta técnica permite a M. R. James conservar el suspense hasta el último segundo, en el que el monstruo se abate brutalmente sobre la víctima, que al fin abre los ojos a la realidad.

"Los fenómenos espectrales deben ser malévolos más que beneficiosos, ya que la emoción que hay que suscitar ante todo es el miedo"; adiós, pues, a fantasmas dignos de compasión y "debe evitarse escrupulosamente la jerga técnica del ocultismo o pseudociencia, con objeto de que la verosimilitud casual no se vea ahogada por una pedantería nada convincente". Por eso, además, en todas sus historias muestra de forma despreciativa sus excelsos conocimientos en las diversas materias que marcaron su vida. Sus protagonistas son como él hombres apacibles, comedidos, íntegros, sin sospechosos antecedentes relacionados con sucesos paranormales: arqueólogos ("Aviso a los Curiosos"), anticuarios ("El Diario de Mr. Poynter"), paleógrafos ("El Maleficio de las Runas"), latinistas ("El Tesoro del Abad Thomas"), estudiosos de la Biblia ("El Tratado Middoth"), historiadores ("Número 13"), bibliotecarios, y demás personajes relacionados con sus propias inquietudes... Del mismo modo, también sus escenarios, además de comunes y reconocibles para sus contemporáneos, cabría calificarlos de pertenecientes a ambientes eruditos, reflejando su propio hábitat natural: bibliotecas, archivos olvidados, iglesias, cementerios, posadas rurales alejadas de la ciudad... Escenarios donde él se sentía a gusto, transmitiendo al lector su propio amor por esos sitios.

La documentación de los ambientes es minuciosa, pero falsa: se inventa libros, manuscritos o citas en latín que dieran mayor calado a los sucesos que se narraban en sus cuentos, mecanismo que copiaron de él autores posteriores.

MI RESEÑA

Aficionada desde siempre a la literatura de misterio y terror, confieso que M.R. James es mi favorito. Es el mejor escritor de cuentos de fantasmas que ha existido jamás. Tenía un talento innato para este tipo de relatos y cada uno de ellos es una pequeña y deliciosa joya que debe disfrutarse en soledad, de noche y con poca luz. Un auténtico placer para los sentídos.

Por citar alguno de mis favoritos:  

"El grabado", "La casa de muñecas", "El cercado de Martin", o "El fresno"

Mi nota, un 10




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